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A consecuencia de peste que se desató en la cuidad de Venecia en 1483, el Papa Sixto IV, además de auxilios materiales, para remediarla, les envió la reliquia de la Santa Faz guardada en su oratorio privado, pues el lienzo del vaticano jamás salió de la iglesia de S. Pedro. La permanencia y solemnidades en la ciudad de los canales, están detallada por los historiadores venecianos. Finalizada la epidemia, por manos del Cardenal Legado, retornó la reliquia a Roma, pero habiendo fallecido en aquellos días el pontífice, el cardenal la guardo en su oratorio particular. Habiendo conocido en un viaje a la corte española, con motivo de su embarque en Alicante, a Mosen Pedro Mena, integrando en el número de sus familiares. Algún tiempo después nombrado Mosen Pedro Mena, cura de la Parroquia de San Juan, en cuyo lugar había nacido, al despedirse del cardenal recibió en regalo, para ser venerado en su tierra, un precioso cofrecillo de cedro que contenía le lienzo de la Santa Faz. En posesión de su nueva parroquia, Pedro Mena lo depositó en el fondo de un arca, en la que guardaba objetos de valor del templo.
Cuando Mosen Pedro Mena abrió el arca que guardaba la Santa Faz, notó que el lienzo estaba en la parte superior, y desplegado sobre la ropa que lo cubría. Repetido el fenómeno y posiblemente, arrepentido de haber olvidado el encargo del cardenal, expuso al público la Santa Faz, colocándola en el Presbiterio, sobre una tabla, junto al Altar Mayor, y explicando a los fieles la devoción que merecía.
Devocionario a la Santa Faz. V Centenario.1989. Federico Sala Seva
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